miércoles, 12 de agosto de 2009

Matsyendrasana. Para mejorar la cifosis dorsal .




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Una leyenda india cuenta la historia de un pez que oía a escondidas al dios Shiva cuando enseñaba a la diosa Parvati, su querida esposa, los secretos del yoga. El pez fue descubierto y el dios lo desterró. Cuando estaba buscando un nuevo lugar donde vivir, el pez llegó a las costas de India. Una vez en tierra, sucedió un milagro: el pez se transformó en hombre.

Los habitantes de aquel lugar lo acogieron y lo llamaron Matsyendra, el señor de los peces. Agradecido por su cálida acogida, Matsyendra les enseñó todas las posiciones del yoga, entre las cuales estaba matsyendrasana, que lleva su nombre.
Esta leyenda quizá pretenda explicar el origen de esta disciplina, no exactamente autóctona. El fin de estas enseñanzas consiste en tomar contacto con el propio cuerpo y la capacidad de cada uno de mejorarse: al igual que el pez, que al oír las enseñanzas de Shiva se convierte en hombre: el ser perfecto.

El yoga, por tanto, se ha desarrollado de tal manera que puede considerarse uno de los seis sistemas filosóficos de India. Como sistema filosófico el yoga tiene su máxima expresión en el yoga-sutra, un texto compuesto por 194 aforismos, subdivididos en cuatro libros, atribuido a Patanjiali y redactado hacia el 300 a. C.

El primero de éstos, el Samadhi-pada, en 51 aforismos, trata sobre la mente, la naturaleza del samadhi, las técnicas de meditación para poseer una visión más clara del mundo y de la existencia.

El Sadhana-pada, el segundo libro, compuesto por 55 aforismos, desarrolla una filosofía acerca de la mente ordinaria, describiendo el sendero para acceder al yoga (es decir, al proceso ilustrado en el primer libro)

En el tercer libro, el Vibhuti-pada, de 55 aforismos, se enumeran los poderes “sobrenaturales” que la práctica del yoga puede producir, liberando potenciales de energía latentes o que no están expresados.

El cuarto libro, el Kaivalya-pada, trata en 33 aforismos la naturaleza de la liberación, ilustrando la mente y su estructura, la acción y su transcurrir, la relación con el mundo de los objetos y los condicionamientos que produce todo esto.
Patanjiali explica que, para alcanzar la serenidad, hay que atravesar ocho estadios.

1. Yama (autocontrol, autodominio) ha de observar cinco preceptos morales: no matar, no robar, no cometer actos impuros, no dar falsos testimonios, no dejarse llevar por las pasiones. Consiste en ser justo con todos; piedad, indulgencia, amor, generosidad y rechazo de los dones.

2. Niyama (deber religioso) se refiere a las prácticas ascéticas y la correcta forma de recibir los mantras (particularmente la sílaba sagrada OM). Pureza interior y exterior, de pensamiento y de obra; rehuir la lujuria, la sensualidad y la vanidad mundana.

3. Asana (posiciones) contempla las posiciones del cuerpo que favorecen la meditación.

4. Pranayama (dominio del prana, la energía vital) consiste en seguir sobre todo los métodos de respiración psíquica y rítmica en sus cuatro fases: suspensión, inspiración, retención y expiración.

5. Pratyahara (dominio de los sentidos), consiste en la eliminación de toda percepción externa que pueda perturbar la concentración. La voluntad ha de controlar totalmente los sentidos, separarlos de sus objetos habituales. Es un estadio que prepara para los tres siguientes.

6. Dharana (concentración o dominio de la mente), consiste en mantener la mente estable y perfectamente serena liberándola de la influencia de los sentidos, de los deseos y de las emociones.

7. Dhyana (meditación), consiste en concentrar la mente sobre un objeto sin pensar absolutamente en nada más. El ideal es concentrarse sobre el pususha o alma universal.

8. Samadhi (éxtasis) es la iluminación final, donde atman (el alma individual) y brahman (el alma universal) se unen, coincidiendo perfectamente.

FUENTE teórica: YOGA, Teoría y Práctica (Francesca Chiapponi).